Gadamer: Circulo y Espiral. Diario El Pais por Isidoro Reguera

El próximo martes hará diez años que murió Hans Georg Gadamer. Uno de los grandes filósofos del siglo XX. Entero. Había nacido en 1900. Su figura planea por todo él.

Gadamer vivió en la tensión entre el ideal de inmediatez a las cosas de la filosofía griega, que según suponía su maestro Heidegger había nacido de la experiencia originaria del mundo, ideal que le llevaría a identificar ser y lenguaje (todo ser que pueda ser comprendido, es decir todo ser accesible al ser humano, es y ha de ser lenguaje), y la sentencia, griega también, de que las palabras no son las cosas ni lo serán nunca.

GadamerVerdadimagesCA7OEA9NDe ahí los problemas a la hora de plantearse una hermenéutica universal (de la hermenéutica) y su pelea incesante por una tematización imposible: la interpretación de la interpretación, comprensión de la comprensión. Y siempre dentro del medio del lenguaje (otro no hay). De ahí no queda otra escapatoria que el círculo o la espiral, que no lo son: escudriñar en el vacío, por muy estructural que sea el círculo, o dar vueltas alrededor del centro, cada vez más lejos.

Esta alternativa (ahondar sin fin en la interpretación de algo hasta diluirlo en un acontecimiento interior, o girar incesantemente en torno a algo alejándose cada vez más de ello en mil interpretaciones) sólo puede salvarse con la enorme sabiduría, elegancia de espíritu y capacidad de comunicación que tenía Gadamer. Un aura que sin duda han heredado sus discípulos más afines, aunque en grado debole, nunca mejor dicho, con la lightness & softness marca de la casa. Es difícil imitar la agudeza y brillantez de Gadamer, su extraña capacidad de diálogo, sólo ellas salvan ese dialelo o ese recurso al infinito hermenéuticos que acaban por convertir la filosofía en artificio sin fondo o en mera historia de la filosofía. Sólo la reciedumbre aristocrática de un talante como el de Gadamer soporta esa bella urdimbre y es capaz de construir una filosofía interesante de la mera interpretación de la filosofía.

Gadamer con DerridaimagesCAZ92VEACurioso que su pensamiento tanto o más que a filósofos (fenomenólogos más bien) interesara a literatos, poetas, teólogos, laicos nostálgicos incluso, gentes todas a cuyo estructural encierro desasosegante en las palabras Gadamer proporcionaba la firmeza de una, aunque etérea, presencia tranquilizadora en ellas: el impactante, si no compacto, acontecer de la belleza, de la verdad, de la comprensión, sin materialidades groseras, sin mayor objetivación formal que la de una vivencia. Un material tenue o una categoría sagrada: más que en el lenguaje, dado que el lenguaje te habla, la verdad y la belleza suceden en tí, artista, filósofo, teólogo, que vives sin vivir en ellas, es decir, abierto esencialmente a ellas en tu propio ser (que consiste en esa apertura) y con ello a la posibilidad de otras mayores trascendencias. El juego del todo y la parte. Algo prodigioso sucede en algún momento del camino eterno de la interpretación: la comprensión como fusión de todos los horizontes, apertura total del mundo, asimilación total del saber por el individuo. Entonces acontece la verdad, se revela, nos sucede, nos posee incluyéndonos en su acontecer, el juego nos juega. Esto tranquiliza.

GadamerHeideggeruntitledSiempre demasiado heideggeriano Gadamer en última instancia, a pesar de su genio. Parece que nunca perdió la impresión, que tuvo durante un tiempo, de que “Heidegger me miraba por encima del hombro” mientras escribía. Quizá ni muriera liberado de su guiño permanente. Pero eso no fue problema. Nunca le importaba hablar horas enteras de Heidegger: en su casa de Ziegelhausen, comiendo en el Rainbach de Neckargemünd, de vinos en el Wein-Atrium de la Dreikönigsstrasse de Heidelberg o de merienda en los Weingarten de Handschuhsheim, sitios donde había estado con Heidegger. En diálogo con Grondin, 1996, Gadamer no respondió sino con evasivas a la cuestión de si su pensamiento continuaba el de Heidegger o era una verdadera alternativa a él. Sólo dejó clara una curiosa afinidad entre ambos: “A él su impronta religiosa, su afán de buscar a Dios durante toda su vida, le impulsó a todos sus radicalismos. A mí me sucedió lo mismo a mi manera, pero con la gran diferencia de que mi infancia no se vio marcada de veras en esa misma dirección”. Tampoco su larguísima vejez agnóstica, sin agobios salvadores a pesar del sinfin exasperante de la búsqueda hermenéutica.

Artículo publicado en Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS el sábado 10 de marzo de 2012.

http://blogs.elpais.com/tormenta-de-ideas/

ISIDORO REGUERA, catedrático de Filosofía en la Universidad de Extremadura, estudió en Heidelberg bajo la dirección de H. G. Gadamer. Traductor de Wittgenstein, es autor de ensayos como La miseria de la razón (Taurus) o Jacob Böhme (Siruela).

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